
Su mirada la cual podría ser fría y cálida, incomoda y reconfortante, intimidante y nerviosa, a la vez; sus labios aquellos que siempre lucían alcolchonados y rosados, su rostro era ese toque de perfección, elegancia y porte que necesitaba su cuerpo para ser una completa obra utópica, pero existente. No sabía que era lo que me conquistaba mas, su manera de sonreír haciéndote saber que te esperaba una gran noche o esa manera de saberte tratar haciéndote creer que el mundo esta a tus pies. Era el chico perfecto para cada chica en el lugar, sin embargo se decidió por hacerme su presa esa noche, el era quien me indicaba cada paso en la pista, en ese momento era lento y sus suaves caricias en mi cintura se encargaban de hacerme ir mas lento, me relajaban de una manera única, pareciera que tuviera el instructivo sobre como manejarme, sabía que si levantaba mi mirada caería completamente ante la suya por lo que me decidí a solo acercar mis labios a los suyos y capturarlos lentamente, sintiendo como corría una de sus manos hacia mi mejilla, y la restante hacia el trabajo en mi espalda de acercarme hacia su pecho, pudiendo sentir como su corazón también latía rápidamente, después de que los invitados desaparecieran y nosotros lo hagamos con ellos, nos esperaba la aventura de nuestras vidas. Estábamos casados, al fin podía alardear que ese perfecto hombre era mío, era mi marido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario